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🍳 Ciencia

📅 27 de julio de 2026

Hoy, al freír, usa aceite de oliva virgen extra: su punto de hum humo es 210 °C, 40 °C más alto que el de girasol, y genera un 60% menos compuestos tóxicos.
✍️ Contenido generado por IA · Revisado por el equipo editorial de TipDía · 📅 27 de julio de 2026 · 📂 Ciencia

¿Qué significa esto?

Imagina que estás en una cocina de un piso en el barrio de Lavapiés, en Madrid, un domingo al mediodía. Tu abuela, o tu vecina del quinto, está friendo unos pimientos de Padrón y unas patatas para la tortilla. Hasta ahora, lo más probable es que cogiera la botella de aceite de girasol, porque "es lo de toda la vida para freír" o porque "el aceite de oliva no aguanta el calor". Pues bien, el dato de hoy viene a romper ese mito de forma contundente. El aceite de oliva virgen extra (AOVE) no solo aguanta el calor, sino que lo hace mucho mejor que el de girasol. Hablamos de un punto de humo de 210 °C frente a los 170 °C del girasol. ¿Qué significa esto en la práctica? Que cuando calientas la sartén para freír unos boquerones o unos calamares a la andaluza, el aceite de girasol empieza a humear y a degradarse mucho antes, soltando sustancias que no deberías respirar ni mucho menos ingerir. Con el AOVE, tienes 40 grados más de margen antes de que eso ocurra. Y ojo, porque no es solo cosa de humo: al degradarse menos, genera hasta un 60% menos de compuestos tóxicos, esos que se asocian con problemas de salud a largo plazo. Así que, la próxima vez que vayas a freír unas croquetas caseras en Valencia o unos churros en una chocolatería de Granada, piensa que cambiar a AOVE no es un capricho gourmet, es una decisión inteligente para tu cuerpo y para el sabor de la comida.

La ciencia (o historia) detrás

Detrás de este consejo hay décadas de investigación sobre la química de los aceites. El Instituto de la Grasa, en Sevilla, referente mundial en el estudio del aceite de oliva, ha publicado numerosos trabajos comparando la estabilidad térmica de distintos aceites. Según un estudio de la Universidad Complutense de Madrid, publicado en la revista especializada "Food Chemistry", los aceites ricos en ácidos grasos monoinsaturados, como el del oliva, presentan una resistencia a la oxidación mucho mayor que los aceites ricos en poliinsaturados, como el de girasol. La clave está en su estructura molecular. Los dobles enlaces de los ácidos grasos poliinsaturados son puntos débiles que reaccionan fácilmente con el oxígeno y el calor, formando compuestos polares, aldehídos y acroleína, que son los responsables de ese olor desagradable a "fritanga" y de la toxicidad. En cambio, el perfil mayoritario de ácido oleico del AOVE le da una estabilidad que le permite llegar a los 210 °C sin descomponerse apenas. Además, los polifenoles y antioxidantes naturales que contiene el virgen extra actúan como un escudo protector. No es magia, es química aplicada a la sartén. Ahora sabemos que ese chisporroteo que oímos al freír no es solo sonido, es una reacción química que, con el aceite adecuado, podemos controlar para que sea más limpia y segura.

Cómo aplicarlo en tu día a día

El primer paso es revisar tu despensa. Cuando vayas al supermercado o a tu tienda de barrio, busca una botella de aceite de oliva virgen extra que sea asequible para cocinar. No necesitas el de 50 euros para una cata, basta con uno de calidad media que indique "virgen extra" en la etiqueta. Ese aceite es perfecto para freír, porque mantiene todas sus propiedades incluso a altas temperaturas. Si te preocupa que el sabor a oliva se transfiera a los alimentos, elige un AOVE suave o "arbequina", que tiene un aroma más delicado y no enmascara el sabor de las patatas o el pescado.

El segundo paso es controlar la temperatura de la sartén. No hace falta que compres un termómetro de cocina caro; usa un truco casero: introduce un palillo de madera limpio o la punta de una cuchara de madera en el aceite. Si ves burbujas pequeñas y constantes alrededor de la madera, el aceite está a unos 170-180 °C, ideal para freír. Si el aceite empieza a echar humo visible, es que te has pasado, y con el AOVE tienes más tiempo para reaccionar antes de que eso ocurra.

El tercer paso es no reutilizar el aceite hasta el infinito. Por muy bueno que sea el AOVE, después de freír varias tandas, su calidad baja. Fíltralo con un colador de tela o papel de cocina para quitar restos, guárdalo en un bote limpio y úsalo un máximo de dos o tres veces. Verás que el aceite de oliva resiste mejor este proceso que el de girasol, pero no es eterno. Y un último detalle: cuando termines, no tires el aceite usado por el fregadero. En España hay puntos limpios y contenedores específicos para reciclarlo, algo que cada vez hacemos mejor en ciudades como Barcelona o Bilbao.

Conclusión

En TipDía creemos que mejorar pequeños gestos cotidianos, como elegir qué aceite usas al freír, tiene un impacto real en tu salud y en el placer de comer bien. No se trata de complicarse la vida, sino de aplicar un poco de conocimiento a lo que ya haces cada día. La cocina española es una de las más ricas del mundo, y con un simple cambio puedes hacer que tus frituras sean más ligeras, más sabrosas y más seguras. Así que, la próxima vez que te pongas el delantal, recuerda que el virgen extra no es solo para aliñar una ensalada: es tu aliado en la sartén. Tu cuerpo y tu paladar te lo agradecerán.

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