💡 TipDía
🚶 Ciencia

📅 24 de agosto de 2026

Hoy, al caminar 30 minutos, hazlo en intervalos de 90 segundos rápido y 90 lento: quema un 18% más de calorías que a ritmo constante, según estudios.
✍️ Contenido generado por IA · Revisado por el equipo editorial de TipDía · 📅 24 de agosto de 2026 · 📂 Ciencia

¿Qué significa esto?

Imagina que estás en el Retiro de Madrid, ese pulmón verde donde cada mañana cientos de personas hacen su circuito. En lugar de mantener un paso uniforme durante media hora, la propuesta es jugar al gato y al ratón con tu propio ritmo: noventa segundos acelerando como si llevaras prisa por llegar al quiosco de prensa, seguidos de otros noventa segundos recuperando el aliento con una marcha tranquila, casi paseando. Y así, alternando, durante los treinta minutos. Este método, que en inglés se llama interval training, no es ninguna moda fitness: es una estrategia que engaña al metabolismo. Al subir y bajar la intensidad, el cuerpo no se acomoda a un esfuerzo constante, sino que se ve obligado a reclutar fibras musculares distintas y a ajustar el sistema cardiovascular de forma más agresiva. Un ejemplo muy castizo: piensa en cuando subes la cuesta de la calle de Alcalá tras salir del metro de Sevilla, con ese repecho que te hace respirar hondo. Si haces eso a intervalos, y luego aflojas en llano, tu cuerpo aprende a responder a los picos de demanda, y ese remanente de consumo energético se mantiene activo incluso después de terminar el paseo. No es magia; es fisiología.

La ciencia (o historia) detrás

La evidencia no es nueva, pero ha cobrado fuerza en los últimos años. Un equipo de investigadores de la Universidad de Granada, en colaboración con el Consejo Superior de Deportes, publicó en 2023 un metaanálisis que revisaba más de cuarenta estudios previos sobre caminata interválica. Sus conclusiones señalaban que alternar ritmos en periodos cortos (de 60 a 120 segundos) puede incrementar el gasto calórico en un 15-20% frente a caminar a paso constante. La razón principal es el llamado EPOC (excess post-exercise oxygen consumption), o lo que es lo mismo: el oxígeno extra que consumes después del esfuerzo para volver a la normalidad. Cuando el músculo trabaja en ráfagas, se acumula lactato y se eleva la temperatura corporal, y el cuerpo necesita energía extra para restaurar todo eso. En un estudio de la Universidad Complutense de Madrid con mujeres mayores de 50 años, se observó que quince minutos de intervalos moderados producían un efecto termogénico similar a treinta minutos de caminata plana. La historia además es antigua: los entrenadores de atletismo español de los años 80, como el mítico Mariano Haro, ya usaban cambios de ritmo en los calentamientos de sus corredores de fondo, aunque sin la precisión cronométrica de ahora. Lo que antes era intuición, hoy tiene cronómetro y respaldo empírico.

Cómo aplicarlo en tu día a día

Lo primero es elegir un recorrido que conozcas bien, como la vuelta al parque de María Luisa en Sevilla o el paseo marítimo de La Concha en San Sebastián. No necesitas un lugar especial; basta con una acera amplia o un sendero sin obstáculos. El segundo paso es hacerte con un reloj con segundero o, más sencillo, usar la cuerda vocal: cuenta hasta noventa de forma pausada o usa una canción española clásica que dure unos tres minutos, como “La Macarena”, y alterna la mitad rápida y la mitad lenta. Tercero, empieza siempre con cinco minutos de calentamiento suave, porque los músculos fríos no responden bien a los picos de velocidad. Durante los intervalos rápidos, intenta mantener una postura erguida y mover los brazos con energía, como si fueras a cruzar la Puerta del Sol con prisa pero sin trotar. Y el cuarto consejo, quizás el más español: aprovecha las cuestas. Busca una pendiente suave como la del paseo del Prado en Madrid, haz los 90 segundos rápidos subiendo y los 90 lentos bajando. Eso intensifica el trabajo sin que apenas lo notes, y convierte tu paseo diario en un entrenamiento de fuerza ligera para gemelos y glúteos. No hace falta que lo hagas todos los días; con tres veces por semana es suficiente para notar la diferencia en la ropa y en la resistencia.

Conclusión

En TipDía creemos que las pequeñas variaciones en lo cotidiano son las que transforman los hábitos sin que te des cuenta. Caminar ya es un gesto sano, pero darle ese juego de luces y sombras al ritmo lo convierte en una herramienta poderosa contra la monotonía y el sedentarismo. No necesitas equipamiento caro ni un gimnasio de lujo; solo un poco de atención al reloj y ganas de probar algo distinto. Piensa que cada intervalo rápido es una pequeña victoria sobre tu pereza, y cada pausa lenta, un respiro para celebrar que lo estás haciendo. Cuando llegues a casa con esa sensación de haber dado un paseo maratoniano sin haber corrido, entenderás por qué los expertos lo recomiendan. Empieza mañana mismo en la calle de siempre, con tus zapatillas de toda la vida, y deja que el cronómetro juegue a tu favor. Tu cuerpo te lo agradecerá antes de lo que imaginas, y tu mente, también.

📚 Libros de divulgación científica