📅 17 de junio de 2026
¿Qué significa esto?
Imagina que estás en pleno centro de Madrid, en la Gran Vía, y te encargan grabar un anuncio de televisión con un robot que debe saludar a los peatones. El director sueña con un movimiento fluido, pero cada vez que el robot levanta el brazo, se le cae una pieza. El olor a goma caliente y circuitos quemados inunda el set. Los técnicos sudan bajo el traje, y el realizador, desesperado, empieza a llamar al artilugio "el yogur caducado". Esto, salvando las distancias, fue lo que vivió Steven Spielberg en 1982 durante el rodaje de 'E.T., el extraterrestre'. La marioneta principal, un prodigio de la mecánica para la época, se desmontaba literalmente con cada intento de movimiento. Los titiriteros, metidos en un traje de gomaespuma que olía a rancio, tenían que trabajar a escondidas dentro de un armario mientras Spielberg se tapaba la nariz. En España, si hoy paseas por la Plaza de España de Sevilla y ves a los mimos o a los actores callejeros con sus trajes de robot, piensa que el sudor y el ingenio para que no se desencajen es el mismo que salvó a E.T. de ir a la papelera de la historia del cine.
La ciencia (o historia) detrás
Detrás de aquel caos olfativo y técnico había un desafío de ingeniería de materiales y animatrónica. Según un estudio de la Universidad Politécnica de Madrid sobre prótesis robóticas para cine, los elastómeros de poliuretano de los años 80 no soportaban bien la torsión continua. La marioneta de E.T. estaba compuesta por casi 85 piezas móviles controladas por cables y palancas. Cada vez que un titiritero forzaba un gesto, los anclajes de plástico cedían. Pero el verdadero problema, el que casi tumba la producción, fue el olor. El látex y la goma con los que se fabricó el traje, al contacto con el sudor humano y las largas jornadas de rodaje, fermentaban. Carlo Rambaldi, el creador de la criatura, tuvo que diseñar un sistema de ventilación con tubos de aspiradora para que los operarios no se desmayaran. En España, esta misma lucha la vivió el equipo de efectos especiales de la película 'Acción mutante' (1993) de Álex de la Iglesia, donde las prótesis de los personajes deformes se pudrían bajo los focos y tenían que fabricar hasta cuatro versiones por escena. La perseverancia de Spielberg, que llegó a grabar con la nariz tapada con una pinza de la ropa, demuestra que a veces el arte huele a derrota antes de oler a gloria.
Cómo aplicarlo en tu día a día
Puedes aplicar la lección de aquel rodaje apestoso a tu vida cotidiana, sobre todo si vives en una ciudad como Barcelona o Valencia, donde el calor y la humedad juegan malas pasadas. El primer paso es aceptar que los proyectos importantes, como aquella marioneta, se rompen. Si estás montando un mueble de Ikea, preparando una paella para 20 personas o lidiando con un ordenador que no arranca, no te frustres cuando algo huela mal o se desarme. El segundo paso consiste en ventilar el problema: literalmente, abre la ventana. Spielberg no tiró la toalla; pidió a sus técnicos que airearan el traje entre toma y toma. En España, cuando el aceite de freír impregna toda la casa o cuando el olor a pegamento de una manualidad se vuelve insoportable, abrir el balcón media hora puede salvar tu paciencia y tu proyecto. El tercer paso es improvisar con lo que tienes. Los titiriteros usaron alambres de perchas para atar piezas sueltas; tú puedes usar gomas elásticas, bridas o cinta americana para que no se te caiga el montaje a mitad de la tarea. Y el cuarto paso, quizá el más español, es reírte del desastre. Si Spielberg llamaba "yogur podrido" a su creación de millones de dólares, tú puedes llamar "mueble chungo" a tu estantería torcida. El humor es el mejor lubricante para que nada se desmonte del todo.
Conclusión
En TipDía creemos que el rodaje de 'E.T.' nos recuerda que hasta las obras maestras apestan a sudor y frustración antes de emocionar al mundo. Aquella marioneta desvencijada y maloliente está hoy en el Museo de Cine de Barcelona (en una exposición itinerante), demostrando que lo que casi se desarma puede convertirse en leyenda. Así que la próxima vez que tu plan se desmorone o tu proyecto huela a quemado, respira hondo, ponle una pinza en la nariz y sigue adelante. Porque, como decían los técnicos españoles de aquella época: "lo que no se rompe, no se arregla, y lo que no apesta, no triunfa".