📅 23 de mayo de 2026
¿Qué significa esto?
Imagina que estás en una terraza de la Plaza Mayor de Madrid, tomando un café y atascado con un problema creativo. El consejo de hoy te invita a hacer algo que va contra todo lo que nos enseñan: ser deliberadamente malo. Durante cinco minutos, tienes permiso para escribir tres ideas que te parezcan horribles, absurdas o directamente ridículas. Sin filtrar, sin juzgar, sin pensar en el qué dirán. Luego, coges una de esas ocurrencias aparentemente inútiles y le das la vuelta con un giro aún más disparatado. Por ejemplo, imagina que estás en Sevilla y quieres promocionar un pequeño bar de tapas. Una idea "malísima" podría ser que los camareros sirvan las tapas montados en patinetes eléctricos dentro del local. El giro absurdo: convertir eso en un "servicio exprés de tapas voladoras" donde los platos llegan con un código QR que cuenta la historia del plato. Lo que parecía un caos se convierte en un reclamo viral. Este método no busca la perfección, sino romper el bloqueo mental que nos paraliza cuando queremos acertar a la primera.
La ciencia (o historia) detrás
Este enfoque no es una ocurrencia moderna. Tiene raíces en una técnica conocida como "brainwriting inverso", popularizada en los años 70 por el psicólogo alemán Bernd Rohrbach. La idea es que el miedo al ridículo es uno de los mayores frenos a la creatividad. Según un estudio de la Universidad Complutense de Madrid sobre procesos creativos en entornos laborales, las personas que se permiten generar ideas "malas" durante los primeros minutos de una lluvia de ideas aumentan hasta un 30% la probabilidad de encontrar una solución viable después. La razón es neuroquímica: cuando nos prohibimos juzgar, reducimos la actividad de la amígdala (la zona del cerebro asociada al miedo) y activamos la corteza prefrontal, donde se producen las conexiones inesperadas. En España, tenemos un ejemplo histórico en el movimiento cultural de la Movida Madrileña, donde artistas como Pedro Almodóvar empezaron con ideas que muchos tachaban de "malísimas" o transgresoras, y que al darles un giro absurdo (como mezclar el kitsch con el costumbrismo) crearon un lenguaje completamente nuevo. La tontería aparente es, a menudo, el disfraz de la genialidad.
Cómo aplicarlo en tu día a día
Para ponerlo en práctica, busca un momento de tranquilidad, quizás mientras esperas el metro en Sol o antes de empezar tu jornada laboral. Coge un cuaderno o el bloc de notas del móvil y pon un temporizador de cinco minutos. Escribe tres ideas que te parezcan terribles sobre un problema concreto: desde cómo organizar una cena familiar en Valencia hasta cómo mejorar la cola del pan en tu barrio de Barcelona. No te reprimas: si piensas en "poner altavoces que griten recetas en la panadería", escríbelo. Lo importante es la cantidad, no la calidad. Una vez pasado el tiempo, elige la idea que más te haya hecho sonreír o la que consideres más absurda. Ahora viene el giro: pregúntate "¿y si esto no fuera tan tonto, sino que lo llevara al extremo contrario?" Por ejemplo, si tu idea mala era "hacer una cena donde todos cocinen a ciegas", el giro podría ser "organizar una cena a oscuras con chefs invidentes, realzando el sabor y el tacto". Por último, comparte el resultado con un amigo o colega. En España, la tertulia es casi un deporte nacional, y explicar tu idea absurda en voz alta suele generar nuevas capas de sentido que no habías visto solo en tu cabeza.
Conclusión
En TipDía creemos que la creatividad no es un don divino, sino un músculo que se entrena con el permiso de meter la pata. Al darte la oportunidad de ser malo a propósito, le estás diciendo a tu cerebro que el juicio no importa en la fase de generación, y eso es justo lo que necesita para sorprenderte. Así que la próxima vez que te sientas bloqueado frente a un folio en blanco, recuerda: escribe tres tonterías, elige la más ridícula y dale una vuelta de tuerca. De lo absurdo nace lo inesperado, y de lo inesperado, a veces, lo brillante.