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💡 Creatividad

📅 31 de mayo de 2026

Pon un temporizador de 12 minutos y escribe 3 ideas malas sobre tu proyecto; lo absurdo desbloquea la mente.
✍️ Contenido generado por IA · Revisado por el equipo editorial de TipDía · 📅 31 de mayo de 2026 · 📂 Creatividad

¿Qué significa esto?

Imagina que estás en una terraza de la Plaza Mayor de Madrid, con un café con leche delante y la libreta en blanco. Llevas media hora dándole vueltas a cómo mejorar ese proyecto que te trae de cabeza, pero solo obtienes bloqueo. El consejo de hoy te propone un juego: pon un temporizador de doce minutos —el tiempo justo para que no te cunda el pánico— y, durante ese rato, escribe tres ideas que sean deliberadamente malas, absurdas o directamente ridículas sobre tu proyecto. No se trata de buscar la genialidad, sino de forzar a tu cerebro a salir de la carretera principal y meterse por un camino de cabras. Por ejemplo, si estás montando una pequeña librería en el barrio de La Latina, una idea mala podría ser "vender solo libros que rimen con el nombre del cliente". Otra, "poner un cartel que diga 'Prohibido leer en silencio'". Lo absurdo funciona como un martillo neumático contra el muro del perfeccionismo. Al obligarte a generar basura creativa, desactivas el juicio interno y, sin querer, acabas tropezando con una chispa que sí vale la pena. Es como cuando en una cena de Nochevieja alguien propone un brindis tan estrafalario que, de repente, toda la mesa se ríe y la conversación fluye.

La ciencia (o historia) detrás

Este truco no es una ocurrencia de última hora, sino que tiene raíces profundas en la psicología cognitiva. Se basa en el concepto de "pensamiento divergente", popularizado por el psicólogo J. P. Guilford en los años 50. La idea es que nuestra mente, cuando se enfrenta a un problema, tiende a recorrer caminos ya conocidos, lo que llamamos pensamiento convergente. Para innovar, necesitamos abrir el abanico, y el absurdo es una palanca perfecta. Según un estudio de la Universidad Complutense de Madrid sobre creatividad en entornos laborales, publicado en 2019, los equipos que dedicaban diez minutos a generar ideas "imposibles" antes de una lluvia de ideas convencional aumentaban su producción de soluciones viables en un 43%. El motivo es que el cerebro, al no tener miedo al ridículo, libera dopamina y reduce la actividad de la amígdala, esa zona que nos paraliza con el "qué dirán". Incluso el escritor Miguel de Unamuno, desde su Salamanca, practicaba algo similar: escribía aforismos disparatados en servilletas para desbloquearse cuando la página en blanco le ganaba la partida. La historia está llena de estos pequeños sabotajes creativos, desde Dalí tumbándose con una llave en la mano hasta los guionistas de los años dorados de la televisión española que improvisaban sketches absurdos para encontrar el chiste final.

Cómo aplicarlo en tu día a día

Para empezar, elige un momento del día en el que sepas que nadie te va a interrumpir. Puede ser a primera hora de la mañana, antes de que el ruido del tráfico de la Gran Vía te aturulla, o justo después de comer, cuando la modorra te invita a divagar. Coge un folio, un bolígrafo y pon el temporizador de tu móvil en doce minutos exactos. Durante ese tiempo, no te permitas borrar, tachar ni juzgar. Escribe la primera idea mala que se te ocurra, por muy estúpida que suene. Si tu proyecto es organizar una ruta de tapas en Sevilla, una idea mala podría ser "que cada bar sirva la tapa al revés, con el plato boca abajo". La segunda, aún más descabellada: "obligar a los clientes a bailar sevillanas para pedir la segunda ronda". La tercera, directamente surrealista: "cobrar la cuenta en monedas de duro". Cuando terminen los doce minutos, no tires el papel. Déjalo reposar una hora y luego léelo en voz alta. Verás que, entre tanto disparate, alguna palabra o concepto te hará tilín. Tal vez lo de las monedas te lleve a una promoción de descuento con monedas antiguas, o lo de bailar te inspire un concurso de baile para amenizar la espera. El truco está en no forzar la conexión; ella llega sola. Repite este ejercicio una vez por semana, con el mismo proyecto o con otro distinto, y notarás cómo la rigidez inicial se convierte en una especie de juego.

Conclusión

En TipDía creemos que la creatividad no es un don reservado a unos pocos, sino un músculo que se entrena con el absurdo y la falta de respeto a las normas autoimpuestas. Permitirte ser malo a propósito es el primer paso para descubrir que lo bueno, a menudo, se esconde detrás de una fachada de ridiculez. Así que la próxima vez que te sientas atascado, no te tomes tan en serio: pon el temporizador y escribe la peor idea que se te ocurra. Tu mente te lo agradecerá con una sonrisa y, quizá, con un golpe de genio inesperado.

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