📅 31 de mayo de 2026
¿Qué significa esto?
Ajustar el termostato de la nevera de 5°C a 7°C puede parecer un cambio mínimo, pero tiene un impacto directo en tu factura de la luz. En España, donde el precio de la electricidad sigue siendo un quebradero de cabeza para muchas familias, este gesto supone un ahorro energético cercano al 25%. ¿Cómo es posible? Los compresores de los frigoríficos trabajan menos para mantener una temperatura más alta, y cada grado que subes reduce el consumo entre un 5% y un 8%. Por ejemplo, imagina que vives en un piso en el barrio de Lavapiés, en Madrid, y tu nevera está ajustada a 4°C desde que la compraste. Subirla a 7°C no solo alargará la vida del electrodoméstico, sino que, en una factura media de 80 euros al mes, podrías ahorrar unos 20 euros trimestrales. Y lo mejor: los alimentos perecederos como la leche, los huevos o el yogur se conservan perfectamente a 7°C, siempre que la cadena de frío no se haya roto antes. La clave está en que el rango seguro para la mayoría de los alimentos frescos está entre 0°C y 7°C, así que no estás comprometiendo ni la seguridad ni la calidad de tu comida.
La ciencia (o historia) detrás
Detrás de este consejo no hay magia, sino termodinámica aplicada y décadas de investigación en conservación de alimentos. Según un estudio del Instituto de Investigación en Ciencias de la Alimentación (CIAL), adscrito a la Universidad Autónoma de Madrid, la tasa de proliferación bacteriana en alimentos como la carne picada o los lácteos se mantiene estable entre los 4°C y los 7°C, siempre que no superes este último umbral. Históricamente, los frigoríficos domésticos se popularizaron en España durante los años 60 y 70, y entonces se recomendaban temperaturas muy bajas (2-3°C) porque los termostatos eran poco precisos y los alimentos llegaban con más carga microbiana. Hoy, con sistemas de frío más eficientes y una cadena de distribución más higiénica, mantener el refri a 5°C o menos es un derroche innecesario. De hecho, la Agencia Española de Seguridad Alimentaria y Nutrición (AESAN) indica que la temperatura óptima para la zona de frío positivo está entre 4°C y 7°C. El problema es que muchos hogares españoles, por inercia o por miedo a estropear la comida, dejan el termostato en la posición más fría posible. Y aquí está el truco: el compresor de tu nevera es el electrodoméstico que más energía consume en casa, después del aire acondicionado. Reducir su carga un 25% no solo alivia tu bolsillo, sino que disminuye la huella de carbono de tu hogar.
Cómo aplicarlo en tu día a día
Lo primero es localizar el mando de temperatura de tu frigorífico. En la mayoría de los modelos españoles, suele ser una rueda numerada del 1 al 5 o del 1 al 7, o bien un display digital. Si tu nevera tiene un termómetro interno, perfecto; si no, compra uno de esos pequeños termómetros de nevera que venden en cualquier ferretería por menos de cinco euros. Colócalo en el estante central, que es la zona más representativa, y espera 24 horas para tener una lectura fiable. Si marca 5°C o menos, gira el mando un par de números hacia el lado más cálido (normalmente el que tiene el número más bajo) o, si es digital, súbelo hasta 7°C. En segundo lugar, revisa la puerta: en los frigoríficos típicos de cocinas españolas, la puerta es la zona más cálida, así que no guardes ahí la leche o los huevos si quieres mantenerlos a 7°C; reserva esa zona para bebidas o salsas. Tercero, no sobrecargues el refri. En España tenemos la costumbre de llenar la nevera los domingos después de ir al mercado, pero el exceso de alimentos dificulta la circulación del aire frío y obliga al motor a trabajar más. Deja espacio entre los envases para que el aire fluya. Por último, aprovecha el calor del verano: si vives en Sevilla o en cualquier ciudad con temperaturas elevadas, subir la nevera a 7°C en julio puede suponer un ahorro aún mayor, porque el compresor ya lucha contra el calor ambiente. Haz la prueba durante un mes y compara tu factura; te sorprenderá la diferencia.
Conclusión
En TipDía creemos que los pequeños gestos, como girar una rueda un par de números, son la base de un consumo más consciente y sostenible. No hace falta cambiar de vida de golpe: basta con afinar los detalles que ya tienes a mano para notar el cambio en tu economía doméstica y en el planeta. Ajustar tu nevera a 7°C no es una renuncia, sino una decisión inteligente que demuestra que cuidar de tu hogar y del entorno puede ser tan sencillo como prestar atención a lo que ya está ahí.