📅 13 de junio de 2026
¿Qué significa esto?
El 13 de junio de 1977, la policía de Nueva York detuvo a David Berkowitz, un joven cartero de 24 años que sembró el pánico en la ciudad durante un año. Bajo el apodo de "El Hijo de Sam", Berkowitz disparó a trece personas, matando a seis, con una pistola calibre .44. Lo que hace escalofriante este caso no es solo la violencia, sino la atmósfera de paranoia que generó: las cartas que enviaba a la prensa, burlándose de la policía y firmando con ese siniestro alias, crearon una psicosis colectiva. En España, aunque no tenemos un fenómeno idéntico, podemos encontrar un eco en el impacto que tuvo el caso del "Asesino de la Baraja" en Madrid a principios de los 2000. Alfredo Galán Sotillo, un exmilitar, mató a seis personas dejando naipes junto a los cuerpos. Al igual que en Nueva York, Madrid vivió meses de incertidumbre y temor, con los vecinos cambiando sus rutinas y mirando con desconfianza a cualquier desconocido. La diferencia clave es que Berkowitz alegó que un perro demoníaco le ordenaba matar, un delirio que fascinó a psiquiatras y criminólogos de todo el mundo.
La ciencia (o historia) detrás
El caso Berkowitz no solo es un hito en la crónica negra, sino también un laboratorio para entender la psicología del asesino en serie. Los investigadores descubrieron que el "Hijo de Sam" sufría un trastorno psicótico, con alucinaciones auditivas y delirios paranoides. Según un estudio de la Universidad Complutense de Madrid sobre perfiles criminales, los asesinos que actúan bajo "órdenes divinas o demoníacas" suelen presentar un patrón de aislamiento social extremo y una infancia marcada por el abandono o el maltrato. En el caso de Berkowitz, se supo que fue dado en adopción al nacer y que su madre biológica lo rechazó, un factor que los psiquiatras forenses españoles, como los del Instituto de Medicina Legal de Barcelona, señalan como crítico en la formación de su personalidad. Además, el pánico mediático que generó llevó a la ciudad de Nueva York a crear la primera unidad de perfiles criminales moderna, un modelo que luego inspiró a la Policía Nacional española para desarrollar su propia sección de análisis de conducta en los años 90. Datos históricos concretos: Berkowitz acumuló más de 1.400 llamadas falsas de ciudadanos que aseguraban haberlo visto, y la policía llegó a tener 200 agentes dedicados exclusivamente al caso.
Cómo aplicarlo en tu día a día
Puedes pensar que un asesino en serie no tiene nada que ver con tu rutina, pero el caso de Berkowitz nos deja lecciones prácticas para protegerte sin caer en la paranoia. Primero, presta atención a tu entorno sin obsesionarte: en España, muchas veces confiamos en que "esto no pasa aquí", pero la realidad es que la prevención empieza por observar. Si vas a sacar dinero de un cajero automático en una calle poco iluminada de tu barrio, hazlo con la misma cautela con la que un neoyorquino de 1977 miraba a un desconocido con una bolsa de papel. Segundo, no subestimes el poder de la comunidad. Durante los meses de terror en Nueva York, los vecinos se organizaron en grupos de vigilancia vecinal, algo que en ciudades españolas como Sevilla o Zaragoza se ha recuperado con éxito en zonas con problemas de robos. Tercero, aprende a identificar señales de alarma sin caer en el alarmismo: si notas comportamientos erráticos en alguien de tu entorno (aislamiento brusco, cambios de humor extremos o fijaciones obsesivas), no lo juzgues, pero tampoco lo ignores. En España, asociaciones como la Fundación ANAED ofrecen recursos para detectar problemas de salud mental antes de que deriven en tragedia. Y cuarto, lleva siempre un registro mental de las salidas de emergencia y los puntos seguros de los lugares que frecuentas, desde el metro de Madrid hasta la plaza de tu pueblo.
Conclusión
En TipDía creemos que entender el horror del pasado no es para asustarnos, sino para aprender a mirar el presente con otros ojos. El 13 de junio de 1977, Nueva York respiró aliviada, pero la lección quedó grabada: el miedo no se combate escondiéndose, sino conociendo los mecanismos que lo generan. Así que la próxima vez que pasees por la Gran Vía o tomes un café en tu terraza favorita, recuerda que la seguridad no es un lujo, sino un hábito que construyes cada día con pequeños gestos de atención y confianza en tu comunidad.