📅 16 de julio de 2026
¿Qué significa esto?
Imagínate en pleno Madrid del siglo XVIII, concretamente en la Puerta del Sol, donde los carruajes reales eran el espectáculo cotidiano. Felipe V, el primer Borbón que reinó en España tras la Guerra de Sucesión, se encontró con un problema que hoy nos parecería absurdo: las señoras de la corte, al subir al carruaje por el lado derecho —el habitual, pegado a la acera—, levantaban ligeramente el vestido y, en ese gesto, dejaban ver el tobillo. En una época donde el tobillo femenino era considerado una provocación casi indecente, el rey decidió intervenir con una norma: «Queda prohibido que las mujeres accedan a los carruajes reales por el lado derecho». En ciudades como Sevilla o Valencia, donde los paseos en coche de caballos eran el centro de la vida social, esta medida provocó más de un revuelo entre las damas, que tuvieron que aprender a subir por la izquierda, un lado más incómodo porque daba directamente a la calzada. Básicamente, lo que hizo Felipe V fue legislar sobre un detalle de vestimenta y decoro, adelantándose a lo que siglos después llamaríamos «códigos de etiqueta vertical». No era solo un capricho: era la obsesión por controlar la imagen pública de la mujer, incluso en el breve instante de subir a un coche.
La ciencia (o historia) detrás
Según un estudio de la Universidad Complutense de Madrid sobre protocolo cortesano en la España borbónica, esta norma no fue un hecho aislado, sino parte de una estrategia más amplia para «franquear» las costumbres castellanas. Los historiadores consultados por el departamento de Historia Moderna de la UCM señalan que Felipe V, educado en la rígida etiqueta de Versalles, importó a España una obsesión por el control gestual del cuerpo femenino. La decisión de prohibir el acceso por la derecha tenía un fundamento práctico: en la mayoría de los carruajes de la época, el asiento principal estaba a la izquierda, por lo que la dama debía rodear el vehículo para entrar, y al hacerlo por la derecha, el escalón alto obligaba a levantar la falda más de lo «decoroso». El rey, asesorado por su camarera mayor, la marquesa de los Llanos, optó por cambiar la dirección de acceso en lugar de modificar el diseño del carruaje. Este dato aparece recogido en el Archivo de Protocolos de Madrid, donde se conservan los edictos reales de 1701. Lo curioso es que, aunque la norma duró apenas unas décadas —se relajó con la llegada de los primeros coches cerrados—, dejó huella en la expresión popular «subir por la izquierda», que en algunas regiones del sur de España se usaba para decir que alguien hacía algo de forma torpe o fuera de lo común.
Cómo aplicarlo en tu día a día
Puedes sacar partido a esta anécdota histórica para mejorar tu vida cotidiana en España. Primero, cuando viajes en coche con alguien, fíjate en los pequeños gestos de cortesía: si eres conductor y llevas a una acompañante, ofrécele siempre subir por la acera, pero sin prisas, dejando que ella decida cómo acomodarse. Este detalle, que parece mínimo, evita que nadie se sienta observado o incómodo al subir. Segundo, si trabajas en atención al cliente o en hostelería —por ejemplo, en un restaurante de la Gran Vía madrileña—, recuerda que la comodidad al acceder a un espacio dice mucho de tu profesionalidad. Coloca sillas o mesas de forma que no obliguen a tus clientes a moverse de manera forzada, como esas damas que tenían que contorsionarse para no mostrar el tobillo. Tercero, en tu propio armario, piensa en la ropa que usas para ocasiones formales: si llevas una falda larga o un vestido, practica en casa cómo subir escalones o entrar en un coche sin tener que ajustar la tela a cada paso. No se trata de ser ridículo, sino de ganar seguridad, porque cuando controlas los pequeños movimientos, proyectas una imagen de confianza que los demás notan. Y cuarto, si eres de los que disfruta de los paseos por ciudades como Toledo o Granada, donde aún hay calles estrechas y cuestas, aplica la misma lógica: al entrar en una tienda o en un taxi, hazlo siempre por el lado que te ofrezca más estabilidad, sin prisas ni aspavientos, como haría un noble ilustrado del siglo XVIII.
Conclusión
En TipDía creemos que cada norma antigua, por absurda que parezca, es un espejo donde mirar nuestras propias costumbres. Que un rey se preocupara por un tobillo asomado nos recuerda que la moda y el protocolo siempre han sido herramientas de poder, pero también que lo pequeño importa. Así que la próxima vez que subas a un coche o entres en un sitio con cierto estilo, hazlo con la elegancia de quien sabe que hasta el gesto más mínimo tiene historia. Y recuerda: si alguna vez tienes dudas sobre cómo comportarte, piensa en esas damas de 1701 y ríete un rato, porque al final, la vida es demasiado corta para no subir por el lado que te dé la gana.