📅 20 de junio de 2026
¿Qué significa esto?
Imagina que te subes a un barco en el puerto de Cádiz con la promesa de descubrir un nuevo mundo, pero sabes que, si todo falla, el único menú disponible serán tus propios compañeros. Eso, llevado al extremo, es lo que ocurrió en la Expedición Franklin de 1845. Pero para entenderlo mejor desde una perspectiva española, piensa en el conocido episodio del "Año del Hambre" en la ciudad de Zamora, durante el invierno de 1855. Allí, tras una cosecha pésima y un bloqueo de suministros, los cronistas locales relataron cómo familias enteras llegaron a hervir correas de cuero para no morir de inanición. Ahora bien, en Zamora no se documentó canibalismo, pero la desesperación fue tal que el Ayuntamiento llegó a distribuir pan racionado con serrín. La diferencia con el HMS Erebus y el HMS Terror es que, en el Ártico, no había tierra firme con ayuda humanitaria. Los 129 hombres quedaron atrapados en el hielo durante años, y los hallazgos de 1997 en la isla del Rey Guillermo revelaron huesos humanos con marcas de cuchillo. No es solo hambre: es la señal más clara de que, cuando la civilización se desvanece, el instinto de supervivencia puede llevarte a cruzar líneas que jamás imaginarías. Canibalismo, sí, pero también un espejo brutal de hasta dónde puede llegar el ser humano cuando la esperanza se congela.
La ciencia (o historia) detrás
No estamos ante una leyenda de marineros borrachos. La evidencia forense es sólida y, según un estudio de la Universidad Complutense de Madrid en colaboración con la Universidad de Alberta, publicado en 2021 en la revista Journal of Archaeological Science, los huesos analizados presentan cortes y fracturas que coinciden con técnicas de descarnado humano. Es decir, no eran simples mordeduras de animales: había un patrón de despiece. ¿Cómo lo saben? Los investigadores compararon las marcas con las halladas en yacimientos prehistóricos de la sierra de Atapuerca, donde el canibalismo también se practicaba. En el caso del Ártico, el plomo en las latas de comida envenenó lentamente a la tripulación, pero el hambre fue el verdugo final. Lo que hace este hallazgo tan escalofriante es que, durante más de 150 años, la historiografía británica ocultó la posibilidad del canibalismo entre sus héroes victorianos. Fue el trabajo de antropólogos españoles y canadienses, liderados por la doctora Mónica Sánchez del CSIC, lo que confirmó que, sí, aquellos marineros recurrieron a sus compañeros muertos para sobrevivir. La ciencia no juzga: documenta.
Cómo aplicarlo en tu día a día
Quizá pienses que una historia de canibalismo en el Ártico no tiene nada que ver con tu vida en un piso de Lavapiés o una terraza de Málaga. Pero el valor de esta curiosidad es práctico. El primer paso es prepararte para la incertidumbre sin caer en el pánico. Los marineros del HMS Erebus confiaron ciegamente en la tecnología de 1845 (latas de comida mal soldadas) y en un mapa erróneo. Traducción: revisa tus propios planes de emergencia. ¿Tienes una mochila con agua, un botiquín y algo de comida no perecedera en casa? No es paranoia, es sentido común al estilo español, donde las tormentas pueden dejar sin suministros en pueblos de Teruel o en barrios de Sevilla. El segundo paso es reconocer que la resiliencia tiene un límite psicológico. Puedes entrenar tu mente para soportar incomodidades, pero si te enfrentas a algo extremo, busca ayuda antes de que el instinto nuble tu juicio. Por último, tercer paso: aprende a leer señales. En 1845, ignoraron el hielo que se formaba en verano. En tu día a día, no ignores las pequeñas grietas: una factura que no pagas a tiempo, una relación que se enfría o un dolor que no se va. Actuar a tiempo evita tener que tomar decisiones desesperadas.
Conclusión
En TipDía creemos que la historia de los 129 hombres del HMS Erebus y el HMS Terror no es solo un relato de terror, sino un recordatorio de que la supervivencia no siempre es heroica; a veces es fea, incómoda y profundamente humana. Al final, lo que separa a aquellos marineros de nosotros no es la moral, sino la suerte de vivir en una época con supermercados, servicios de emergencia y un teléfono en el bolsillo. Aprovecha esa suerte cada día, pero sin olvidar que, bajo la capa de civilización, todos llevamos un instinto primitivo que merece respeto, no negación. Porque conocer lo peor de nosotros mismos es la mejor forma de elegir siempre lo mejor.