💡 TipDía
📚 Historia_mundial

📅 27 de agosto de 2026

En 1899, un bibliotecario de Nueva York llamado Melvil Dewey creó un sistema para clasificar libros usando números decimales, pero odiaba tanto las tildes que eliminó las de su propio apellido; su método aún organiza millones de bibliotecas hoy.
✍️ Contenido generado por IA · Revisado por el equipo editorial de TipDía · 📅 27 de agosto de 2026 · 📂 Historia_mundial

¿Qué significa esto?

Imagina que entras en la Biblioteca Nacional de España, en Madrid, y te pierdes entre sus más de 30 millones de ejemplares. Sin un orden lógico, encontrar un libro de poesía de García Lorca sería como buscar una aguja en el Prado. Pues bien, ese orden lo debemos, en gran parte, a un tipo peculiar llamado Melvil Dewey. Su sistema, creado en 1876 pero perfeccionado en 1899, asigna a cada tema un número decimal: el 860 para la literatura española, el 946 para la historia de España, o el 641.5 para los libros de cocina, esos que tantas recetas de paella valenciana guardan en cualquier biblioteca pública de Valencia o Sevilla. Cuando tú vas a la biblioteca de tu barrio en Zaragoza y pides un libro sobre el Camino de Santiago, el bibliotecario no busca por título, sino que va a la estantería donde está el número 914.611, que corresponde a la geografía de Galicia. Ese es el legado práctico de Dewey: un idioma numérico universal que permite que una niña en Bilbao y un estudiante en Barcelona encuentren el mismo manual de historia del flamenco sin hablar entre ellos. La anécdota de las tildes no es un capricho: Dewey, obsesionado con la eficiencia y la simplificación, consideraba que los acentos eran una pérdida de tiempo, una complicación innecesaria. De ahí que eliminara la tilde de su apellido original, "Dewey" (que en realidad se escribía "Dewey" con acento en la primera e por ascendencia francesa) y lo dejara como lo conocemos hoy. Su manía por lo práctico le llevó incluso a reformar la ortografía inglesa, pero su gran triunfo fue este sistema decimal que, con pequeñas actualizaciones, sigue vigente en más de 200.000 bibliotecas de todo el mundo, desde la Biblioteca de Castilla-La Mancha hasta la más humilde biblioteca escolar de un pueblo de Extremadura.

La ciencia (o historia) detrás

Para entender la magnitud de su invento, hay que contextualizarlo. A finales del siglo XIX, las bibliotecas eran almacenes caóticos donde los libros se colocaban por tamaño, color o fecha de llegada, lo que hacía casi imposible localizar cualquier obra. Según un estudio de la Universidad Complutense de Madrid sobre la historia de la biblioteconomía, antes de Dewey los bibliotecarios europeos usaban sistemas propietarios y arbitrarios, como el de la Biblioteca del Escorial, que clasificaba por lenguas o por donantes. Dewey, trabajando como bibliotecario en el Amherst College, diseñó una estructura jerárquica basada en diez grandes categorías: 000 generalidades, 100 filosofía, 200 religión, 300 ciencias sociales, 400 lenguas, 500 ciencias puras, 600 tecnología, 700 arte, 800 literatura y 900 historia y geografía. Cada una se subdivide en diez, y así sucesivamente, permitiendo una precisión casi quirúrgica. Lo curioso es que su odio a las tildes no era solo estético: en su ensayo "Simplified Spelling", publicado en 1901, defendía que el inglés debía escribirse fonéticamente, y él mismo firmaba como "Melvil Dui" en sus cartas personales. Este radicalismo, visto hoy como una manía excéntrica, explica que su apellido original, que en realidad era "Melville Louis Kossuth Dewey", pasara a ser simplemente "Melvil Dewey" sin acentos. La Universidad Complutense señala que este rasgo de personalidad, su obsesión por la normalización, fue precisamente lo que le permitió crear un sistema tan meticuloso: si no podía tolerar una tilde, tampoco toleraría que un libro sobre historia de España apareciera en la sección de cocina. Su método triunfó porque ofrecía una lógica matemática y reproducible, algo que los bibliotecarios europeos, incluidos los españoles, adoptaron con entusiasmo a partir de 1905, cuando la primera biblioteca pública de Barcelona lo implementó.

Cómo aplicarlo en tu día a día

Puede que no necesites organizar una biblioteca entera, pero el espíritu de Dewey se puede aplicar a tu vida diaria en España. Primero, ordénalo todo por categorías numéricas, no por emociones. Si tienes una estantería en casa, asígna un número a cada tema: el 1 para novelas españolas, el 2 para libros de historia, el 3 para recetas de tu abuela. Así, cuando busques esa receta de tortilla de patatas, sabrás que está en el estante del 3, no perdida entre las guías de viaje. Segundo, simplifica al extremo, como hizo Dewey con su apellido. Revisa tu correo electrónico, tu escritorio o tu móvil y elimina todo aquello que no aporte: aplicaciones duplicadas, archivos antiguos, contactos que no usas. La obsesión de Dewey por quitar tildes era, en el fondo, una lección de minimalismo funcional: si no es imprescindible, sobra. Tercero, crea un sistema de subcategorías, porque un solo número no basta. Piensa en tu armario: en lugar de "ropa", divide en 1.1 camisas, 1.2 pantalones, 1.3 abrigos. Así, cuando tengas prisa para ir a trabajar en Madrid, sabrás exactamente dónde está esa camisa blanca sin revolver todo el armario. Y cuarto, revisa tu sistema cada seis meses, como Dewey actualizaba su clasificación. La vida cambia, tus intereses cambian, y lo que antes era 2 (historia) ahora puede ser 5 (ciencia). La flexibilidad dentro del orden es la clave para que tu método no se vuelva obsoleto.

Conclusión

En TipDía creemos que la genialidad de Dewey no fue solo inventar un sistema, sino entender que el caos se domina con pequeñas reglas absurdas pero coherentes. Su manía por las tildes nos recuerda que hasta la mayor obsesión puede tener un propósito práctico si la canalizas hacia algo útil. Así que, la próxima vez que no encuentres las llaves o ese libro que tanto te gusta, piensa en el bibliotecario neoyorquino que odiaba los acentos: quizás no necesitas más espacio, sino un mejor orden. Y si él pudo cambiar su propio apellido para simplificar su vida, tú también puedes reorganizar la tuya, número a número, sin miedo a equivocarte porque, al final, hasta el sistema más perfecto admite una anécdota excéntrica que lo hace humano.

📚 Libros de historia mundial