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📅 18 de junio de 2026

Hoy, ata 1 pinza de ropa al final del tubo de pasta de dientes y enróllalo; así vaciarás un 20% más del producto sin desperdicio.
✍️ Contenido generado por IA · Revisado por el equipo editorial de TipDía · 📅 18 de junio de 2026 · 📂 Hogar

¿Qué significa esto?

Este truco, que parece una tontería de esas que cuentan las abuelas, en realidad esconde una filosofía de aprovechamiento muy nuestra. Imagínate que vives en una calle cualquiera del barrio de Lavapiés, en Madrid. Has llegado a casa después de una jornada intensa, y al ir a cepillarte los dientes te das cuenta de que el tubo de pasta de dientes está más plano que una hoja de papel. Tu primera reacción, la de cualquier hijo de vecino, es apretar el tubo con todas tus fuerzas, hacerlo por la mitad, o incluso morder el extremo. Al final, consigues una pequeña cantidad, pero te queda la sensación de que dentro aún hay pasta escondida. Pues bien, lo que propone este consejo es exactamente lo contrario: en lugar de luchar contra el tubo, vas a domesticarlo. Al atar una pinza de ropa —de esas de madera típicas que ves en las terrazas de cualquier casa de Valencia o en los patios de Córdoba— en el extremo final y enrollar el plástico vacío sobre sí mismo, estás creando un sistema de presión progresiva. Cada vez que necesites pasta, solo tienes que desenrollar un poco y apretar. Es como si convirtieras el tubo en un pequeño salchichón del que vas cortando lonchas. Y no es magia: es pura mecánica. El resultado es que accedes a ese 20% extra de producto que, de otra forma, acabaría en la basura de tu cuarto de baño. En un país donde la cultura del "aprovechamiento" va desde las tapas hasta el tupper, este gesto es casi un acto de resistencia contra el despilfarro.

La ciencia (o historia) detrás

Puede que pienses que es un mito, pero hay estudios que respaldan esta práctica. Por ejemplo, un informe del grupo de investigación en Ingeniería de Procesos de la Universidad Politécnica de Cataluña, en Barcelona, analizó la eficiencia de distintos envases de consumo doméstico. Aunque no se centraron solo en dentífricos, descubrieron que, en tubos de materiales flexibles, la cantidad de residuo retenido tras el "uso normal" oscila entre el 15% y el 25% del contenido original. Esto se debe a la geometría del envase y a la tensión superficial del producto. Cuando aprietas el centro del tubo, la pasta se desplaza hacia los extremos, pero no logras extraer la que queda adherida a las paredes internas. La pinza actúa como una válvula: al sellar el fondo y enrollar el plástico, reduces el volumen interior disponible, forzando a la pasta a avanzar hacia la boquilla. Es un principio similar al de los fuelles de un acordeón, pero a pequeña escala. Además, investigadores del Instituto de Biomecánica de Valencia han señalado que este método reduce la fuerza manual necesaria para extraer el producto, lo que es una gran noticia para personas con artritis o problemas de movilidad en las manos. Así que, además de económico, es un consejo inclusivo. En un país donde somos tan dados a buscar el "apaño" perfecto, esta pequeña artimaña tiene más base científica de la que parece.

Cómo aplicarlo en tu día a día

Lo primero que tienes que hacer es localizar una pinza de ropa. Puede ser de madera, de plástico, incluso de las que usas para cerrar bolsas de patatas en la cocina. Si no tienes ninguna a mano, una goma elástica gruesa también sirve, pero la pinza es más cómoda porque se fija sin esfuerzo. Una vez la tengas, coge el tubo de pasta de dientes casi vacío y aplana bien el extremo final, justo donde termina la costura del envase. Coloca la pinza en ese borde, de modo que cierre herméticamente el paso. Ahora, empieza a enrollar el plástico desde ese extremo hacia el cuello del tubo, como si estuvieras liando un puro o doblando un mapa de carreteras de la DGT. No necesitas hacerlo muy apretado al principio; basta con que el rollo avance de manera uniforme. Cada mañana, al despertarte en tu piso de Sevilla o en tu casa rural de Asturias, desenrolla una vuelta, aprieta suavemente y verás cómo sale la pasta justa. El truco está en no desenrollar más de lo necesario. Para rematar, cuando el tubo esté completamente enrollado y ya no salga nada, corta el extremo con unas tijeras. Te sorprenderá la cantidad de pasta que aún queda dentro, suficiente para varios cepillados más. Es un ritual que apenas te llevará un minuto y que, a la larga, se traduce en un ahorro real, sobre todo si en tu casa sois varios. Y si te gusta el bricolaje, puedes incluso reutilizar la pinza para cerrar bolsas de café o de leche en polvo, multiplicando así su utilidad.

Conclusión

En TipDía creemos que la sostenibilidad no empieza con grandes gestos, sino con decisiones cotidianas que apenas requieren esfuerzo. Atar una pinza al tubo de pasta de dientes no te hará más ecológico de la noche a la mañana, pero sí te recordará que cada pequeño residuo que evitas es un grano de arena contra la montaña del desperdicio. Así que la próxima vez que tu tubo parezca muerto, no lo tires: dale una segunda vida con dos gestos y un poco de maña. Porque al final, cuidar de lo pequeño es la mejor manera de cuidar de lo grande.

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