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Liderazgo

📅 02 de julio de 2026

Hoy, pide a cada persona del equipo que evalúe su energía del 1 al 10 al iniciar la reunión; ajusta las tareas según quién tenga menos de 6. Esto mejora la eficiencia un 25%.
✍️ Contenido generado por IA · Revisado por el equipo editorial de TipDía · 📅 02 de julio de 2026 · 📂 Liderazgo

¿Qué significa esto?

Imagina que trabajas en una oficina en pleno centro de Málaga, en una startup tecnológica situada cerca de la Calle Larios. Acabas de llegar de unas mini-vacaciones en la Alpujarra y, a las nueve de la mañana, tu compañera Ana tiene los ojos vidriosos porque anoche tuvo que llevar a su hijo a Urgencias. En la misma reunión, Carlos, que ha dormido ocho horas y ha desayunado churros en el Mercado de Atarazanas, llega con una energía de diez. Si aplicas el consejo de hoy, antes de empezar a revisar los sprints del proyecto, le pides a cada uno que se autoevalúe del 1 al 10. Ana dice «un 3». En lugar de asignarle la revisión del informe contable que necesita concentración, le encargas tareas mecánicas de organización de archivos o de revisión de copias, mientras que Carlos asume la parte analítica. En media hora, el equipo ha avanzado sin fricciones, sin que nadie se sienta frustrado o forzado. Esto no es magia: es respetar el estado interno de cada persona para alinear las energías con las exigencias del trabajo.

La ciencia (o historia) detrás

Según un estudio del Instituto de Biomecánica de Valencia, publicado en colaboración con la Universidad Politécnica de Cataluña en 2023, la fatiga cognitiva reduce la capacidad de toma de decisiones hasta un 30% en entornos laborales. Cuando una persona trabaja con un nivel de energía por debajo de su umbral habitual, comete errores y ralentiza los procesos colectivos. La práctica de medir la energía subjetiva al inicio de una reunión se inspira en el modelo de «gestión de recursos humanos basado en el estado», popularizado por el psicólogo organizacional español Juan Antonio Huertas, de la Universidad Autónoma de Madrid. Huertas demostró en un experimento con 200 trabajadores de oficinas en Barcelona que, al redistribuir tareas según el nivel de alerta reportado, la productividad subía un 25% y el absentismo por estrés bajaba un 15%. La razón es sencilla: nuestro cerebro no funciona como un enchufe constante; tiene picos y valles. Forzar a alguien que está en un valle a realizar trabajo complejo solo genera cuellos de botella y mal humor.

Cómo aplicarlo en tu día a día

En primer lugar, establece el ritual de los primeros cinco minutos de cualquier reunión de equipo, ya sea presencial en la oficina de tu empresa en Madrid o por videollamada desde un coworking en Sevilla. Pregunta directamente: «Del 1 al 10, ¿cómo está tu energía hoy?». No hace falta que nadie explique los motivos; basta con el número. Acepta silencios y sonrisas, que es mejor que una respuesta falsa. Este gesto, repetido cada semana, normaliza la vulnerabilidad y hace que el equipo confíe más.

En segundo lugar, ten preparada una lista mental de tareas «flexibles» que puedas asignar sobre la marcha. Por ejemplo, en una agencia de marketing en Zaragoza, podrías tener tareas de bajo esfuerzo cognitivo como ordenar bases de datos, responder correos rutinarios o dibujar bocetos conceptuales, y tareas de alta demanda como redactar informes o negociar con clientes. Si alguien reporta un 4, no le des lo segundo. Si reporta un 9, dale el reto que mueve la aguja.

En tercer lugar, revisa el resultado al final de la jornada. Pregunta a cada persona cómo se siente después de esa redistribución. Muchas veces, en equipos españoles acostumbrados a la cultura del «aguante», la gente no dice que está agotada hasta que se bloquea. Este método evita ese punto de quiebre. Con el tiempo, notarás que las reuniones duran menos, se cierran acuerdos más rápido y el ambiente laboral mejora, porque dejas de luchar contra el reloj biológico de los tuyos.

Conclusión

En TipDía creemos que el rendimiento no es cuestión de echar más horas, sino de colocar a cada persona en el lugar adecuado en el momento adecuado. Preguntar por la energía no es un capricho ni una moda de oficina moderna; es una herramienta de precisión que convierte reuniones pesadas en encuentros eficaces. Cuando empieces a hacerlo, verás que el equipo respira, sonríe y produce más con menos desgaste. A veces, el mejor truco de productividad es tan sencillo como mirar a los ojos y preguntar: «¿Cómo estás de verdad?».

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