📅 28 de mayo de 2026
¿Qué significa esto?
Que la música influye en el estado de ánimo de los animales no es ciencia ficción, sino una realidad que la ganadería moderna lleva años explorando. El estudio de 2003 al que haces referencia, realizado por la Universidad de Leicester en Reino Unido, demostró que las gallinas reaccionan de forma muy distinta según el género musical que escuchan. Mientras que las composiciones clásicas de Johann Sebastian Bach lograban que las aves estuvieran más tranquilas y pusieran hasta un 6% más de huevos, el rock y el heavy metal las ponía nerviosas, alteraba su comportamiento y reducía su producción. Pero esto no es solo un dato curioso de laboratorio: en España, la empresa Huevos Guillén, con sede en Valladolid, lleva años aplicando la musicoterapia avícola en sus granjas. En concreto, en sus instalaciones de Medina del Campo, ponen música clásica a baja intensidad durante varias horas al día. Los resultados, según la propia compañía, son gallinas más calmadas, con menos estrés y una puesta más regular. No se trata de que las gallinas sean melómanas refinadas, sino de que los sonidos suaves y predecibles imitan un entorno seguro, mientras que los ritmos agresivos y los cambios bruscos de volumen activan su sistema de alarma natural.
La ciencia (o historia) detrás
La explicación científica es fascinante y tiene que ver con la neurobiología del estrés. Las gallinas, como muchos animales, tienen un sistema nervioso que reacciona a estímulos auditivos. La música clásica, con su estructura armónica y sus transiciones suaves, reduce los niveles de corticosterona, la hormona del estrés. Un estudio de la Universidad Complutense de Madrid, realizado en 2019 por el Departamento de Producción Animal, analizó el efecto de diferentes frecuencias sonoras en gallinas ponedoras y confirmó que aquellas expuestas a piezas de Mozart y Vivaldi mostraban una frecuencia cardiaca más baja y un 12% menos de comportamientos agresivos, como picotearse entre ellas. En cambio, el rock, con sus percusiones marcadas y cambios de ritmo, desencadenaba respuestas de huida y agitación. La historia de esta relación entre música y aves se remonta a los años 80, cuando granjeros japoneses empezaron a experimentar con altavoces en los gallineros. Lo que entonces parecía una rareza, hoy es una práctica documentada que incluso tiene su propio nombre: "musicoterapia avícola". En España, la Universidad de Córdoba también ha investigado cómo la música clásica puede reducir la mortalidad embrionaria en incubadoras, demostrando que los pollitos que oyen sonidos armónicos antes de nacer tienen un 8% más de probabilidades de sobrevivir.
Cómo aplicarlo en tu día a día
Si tienes gallinas en tu casa rural, en un huerto urbano o incluso en una pequeña explotación en la sierra de Madrid, puedes aprovechar este hallazgo sin necesidad de un laboratorio. El primer paso es elegir la música adecuada: evita el rock, el metal o la música electrónica con mucho bajo. Opta por composiciones de Bach, Mozart, Vivaldi o incluso piezas de música ambiental suave. No necesitas una sinfonía completa, con treinta minutos al día repartidos en dos sesiones es suficiente. El segundo paso es controlar el volumen. Las gallinas tienen un oído muy sensible, así que la música debe sonar a un nivel de fondo, como si fuera una conversación en voz baja. Un altavoz pequeño colocado a tres metros del gallinero, a un volumen que apenas notes desde fuera, es perfecto. El tercer paso es observar el comportamiento. Si ves que las gallinas se agitan, picotean el aire o se amontonan en una esquina, apaga la música y prueba con otra pieza o reduce el volumen. Por último, sé constante. No esperes resultados milagrosos en un día; el efecto se acumula con la rutina. Muchos criadores en Galicia y Asturias han notado que, al cabo de tres semanas, las gallinas empiezan a poner los huevos en horarios más regulares y se muestran menos nerviosas cuando te acercas a recoger la cosecha.
Conclusión
En TipDía creemos que la naturaleza nos habla en un idioma que a veces ignoramos, pero que está lleno de señales si prestamos atención. Que una gallina ponga más huevos con Bach que con un solo de guitarra eléctrica nos recuerda que el bienestar animal no es una moda, sino una ciencia que mejora la vida de todos, incluida la nuestra. Así que la próxima vez que pongas un huevo en la sartén, piensa en la banda sonora que lo acompañó; quizá el desayuno sepa mejor si sabes que la gallina lo hizo escuchando una fuga.