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🏃 Fitness

📅 28 de abril de 2026

¿Sabías que la técnica de aterrizaje es clave para prevenir lesiones al correr? Para proteger tus rodillas y caderas, flexiona siempre a 45° al impactar contra el suelo. Esta biomecánica deportiva disipa el impacto y reduce hasta un 25% la carga articular, mejorando tu rendimiento y durabilidad.
Al correr o saltar, aterriza siempre con las caderas y rodillas flexionadas a 45°, no extendidas; esto disipa el impacto y reduce hasta un 25% la carga en tus articulaciones.

⚠️ Consejo orientativo. Consulta a un profesional antes de tomar decisiones que afecten tu salud, economía o bienestar. Haz tu propia investigación.

✍️ Contenido generado por IA · Revisado por el equipo editorial de TipDía · 📅 28 de abril de 2026 · 📂 Fitness

¿Qué significa esto?

Cuando corres o saltas, el impacto de cada pisada o aterrizaje puede ser hasta tres veces tu peso corporal. La clave para proteger tus articulaciones no está en evitar el movimiento, sino en cómo lo recibes. El consejo se centra en un detalle mecánico fundamental: la posición de tus caderas y rodillas en el momento del contacto con el suelo. Mantenerlas flexionadas a unos 45 grados, en lugar de bloquearlas en extensión, transforma tu cuerpo en un amortiguador natural. Piensa en la diferencia entre caer con las piernas rígidas, como una columna de hormigón, y hacerlo como un resorte que se comprime. Al flexionar, los músculos de tus muslos, glúteos y pantorrillas trabajan en excéntrico, absorbiendo la energía del impacto y disipándola gradualmente. Esto evita que esa fuerza viaje directamente a tus rodillas, caderas y columna vertebral. Si alguna vez has sentido un dolor punzante en la rótula tras una carrera, o molestias en la zona lumbar después de jugar al baloncesto, es muy probable que estuvieras aterrizando con las piernas demasiado rectas. Adoptar esta flexión no solo reduce la carga articular hasta en un 25%, sino que también mejora tu eficiencia al correr, ya que cada zancada se vuelve más elástica y menos brusca.

La ciencia (o historia) detrás

Este principio no es nuevo; proviene de la biomecánica deportiva y la fisiología del movimiento, áreas que comenzaron a estudiarse en profundidad durante la década de 1970 con el auge del running recreativo. Investigadores como el Dr. Thomas McMahon, de la Universidad de Harvard, demostraron que las extremidades actúan como muelles cuando se flexionan, almacenando energía elástica en los tendones y liberándola en la siguiente zancada. Un estudio clásico publicado en el Journal of Applied Physiology midió que, al correr con una flexión de rodilla de aproximadamente 45 grados, las fuerzas de reacción del suelo se reducían entre un 20% y un 30% en comparación con una zancada más extendida. Más recientemente, la Universidad de Calgary analizó a corredores de larga distancia y encontró que aquellos que aterrizaban con las caderas y rodillas más flexionadas tenían un 40% menos de incidencia de lesiones por sobrecarga, como la fascitis plantar o el síndrome de la cintilla iliotibial. La razón es sencilla: cuando las articulaciones están en extensión, el impacto se transmite a través del hueso y el cartílago, que no están diseñados para absorber choques repetitivos. En cambio, la flexión activa los músculos como un sistema de frenado controlado. Este conocimiento se aplica hoy en disciplinas que van desde la rehabilitación de lesiones hasta el entrenamiento de parkour, donde cada aterrizaje se entrena meticulosamente para minimizar el desgaste a largo plazo.

Cómo aplicarlo en tu día a día

El primer paso es tomar conciencia de tu patrón de movimiento actual. Puedes grabarte en video mientras corres en una cinta o saltas en el lugar, y observar el ángulo de tus rodillas y caderas justo en el instante en que tu pie toca el suelo. Si ves que tus piernas están casi rectas, ese es el punto de partida. En segundo lugar, practica la transición consciente: durante tus próximos entrenamientos, concéntrate en “caer suave” imaginando que el suelo está hecho de cristal o que aterrizas sobre un colchón. Para ello, mantén el torso ligeramente inclinado hacia adelante y permite que tus rodillas se doblen de forma natural al contacto

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