📅 08 de agosto de 2026
¿Qué significa esto?
Imagina que llevas meses arrastrando un problema en tu equipo: la falta de compromiso en las reuniones semanales, los retrasos en las entregas o ese compañero que siempre pone pegas. Cada tarde das vueltas a la misma pregunta: ¿cómo lo arreglo? Y cada tarde llegas a la misma conclusión: necesitas una respuesta distinta, pero sigues recurriendo a las mismas personas (tu pareja, tu mejor amigo del Máster o tu antiguo jefe, que ya te dijo tres veces lo mismo). Este consejo rompe esa dinámica. Se trata de que hoy, en diez minutos escasos, agarres el teléfono y llames a un ex-colega, a alguien con quien compartiste trinchera en un proyecto anterior, pero que ya no forma parte de tu círculo habitual. No le pidas un favor ni un contrato; solo pídele un consejo sobre el reto de liderazgo que más te quita el sueño. Por ejemplo, si trabajas en Sevilla en una agencia de publicidad y tu mayor problema es que el equipo creativo no asume responsabilidades, llama a esa compañera que ahora vive en Valencia y dirige su propio estudio. Pregúntale cómo lidia ella con la autogestión de sus diseñadores. Su perspectiva, forjada en otro entorno, otro tamaño de empresa y otra ciudad, te dará un ángulo que no habías contemplado. Y aquí está la clave: no se trata de copiar su solución, sino de abrir tu cabeza a una forma distinta de pensar el problema.
La ciencia (o historia) detrás
Este consejo no es un capricho de gurú de LinkedIn. Hay evidencia sólida de que diversificar las fuentes de consejo mejora la calidad de las decisiones. Según un estudio de la Universidad Complutense de Madrid, publicado en 2023 en la revista Psicología del Trabajo y las Organizaciones, los directivos que consultaban a más de tres perfiles distintos (incluyendo ex-colegas de otras industrias o ciudades) mostraban una mejora del 17% en la eficacia de sus decisiones a los 30 días, medida por la reducción de conflictos y el avance en los objetivos. El mecanismo es sencillo: cuando siempre preguntamos a la misma gente, caemos en un sesgo de confirmación. Ellos ya saben cómo piensas y, sin querer, te devuelven tu propia lógica decorada de otra forma. Un ex-colega, en cambio, no tiene ese filtro. Además, la distancia temporal y geográfica (como la que hay entre Sevilla y Valencia) le permite hablar sin miedo a ofenderte o a escalar el conflicto. En el contexto español, donde la confianza y el «puedes contar conmigo» son la base de las relaciones laborales, esta llamada de diez minutos también reactiva vínculos que se enfriaron con el cambio de empresa. No es nostalgia; es una inversión de bajo coste y alto retorno.
Cómo aplicarlo en tu día a día
Primero, define tu reto de liderazgo en una frase. No vale «mi equipo no funciona». Sé concreto: «No consigo que la gente de ventas en Madrid y la de producción en Barcelona se pongan de acuerdo en las fechas de entrega». Con esa frase en mente, abre tu agenda de contactos y busca a alguien que haya trabajado contigo hace dos o cinco años, pero con quien no hayas hablado en los últimos seis meses. No elijas a tu ex-jefe (seguiría habiendo jerarquía) ni a tu subordinado anterior (habría resquemor). Busca un igual, alguien que estuviera en tu mismo nivel o en un departamento complementario.
Segundo, prepara la llamada para que no se alargue más de diez minutos. Marca el número y, cuando contesten, di algo así: «Oye, sé que hace tiempo, pero estoy con un lío de gestión y me vendría muy bien tu opinión. ¿Tienes cinco minutos?». La mayoría de la gente se siente halagada, no molesta. Luego plantea tu reto en dos frases y pide una recomendación concreta: «¿Qué harías tú si tuvieras que lograr que dos equipos en ciudades distintas se sincronicen sin reunirte con ellos cada semana?». No defiendas tu postura; solo escucha. Toma notas mentales o en un post-it.
Tercero, agradece y ofrece algo a cambio (un café virtual, una recomendación de un cliente, o simplemente «tú también me tienes para lo que necesites»). Al día siguiente, dedica quince minutos a escribir un correo a esa persona dando las gracias y contándole qué decisión tomaste gracias a su aporte. Ese gesto, muy español, de «quedar bien» y mantener el vínculo, hará que esa fuente de sabiduría siga disponible el próximo mes. Y cuarto, repite la operación cada quince días con una persona distinta. No hace falta que sea ex-colega; puede ser una ex-profesora de tu máster en Barcelona o un antiguo compañero del servicio militar. La regla es: fuera de tu círculo actual de confianza.
Conclusión
En TipDía creemos que el liderazgo no se fortalece encerrado en tu despacho, ni siquiera encerrado en tu red de confianza. Una llamada de diez minutos a un ex-colega es un gesto de humildad y de inteligencia práctica que, según los datos, te hará decidir mejor en un mes. No esperes a tener el problema perfectamente formulado; llama con la duda a medias, porque ahí es donde tu ex-colega puede aportar luz. Cierra los ojos, respira, y marca el número. La otra persona también tiene retos; quizá tu llamada le recuerde que no está sola. Al final del día, liderar es tejer puentes, y ningún puente se construye sin una primera llamada.