📅 09 de agosto de 2026
¿Qué significa esto?
Imagina que trabajas en una oficina en pleno centro de Madrid, cerca de la Puerta del Sol. Tu jornada está llena de reuniones virtuales, informes interminables y un correo electrónico que no deja de crecer. Ahora piensa en tu cliente interno: esa persona del departamento de marketing, de operaciones o de recursos humanos con la que necesitas coordinarte para sacar adelante un proyecto. Normalmente, te comunicas con ella por Slack o por email, con mensajes cortos y directos: "¿puedes revisar esto?", "¿cuándo lo tendrás?". Esas preguntas cerradas generan respuestas breves y no revelan lo que realmente está pasando detrás.
El consejo de hoy propone algo mucho más valioso: dedicar 15 minutos a redactar dos preguntas abiertas y, después, aprovechar una caminata de 20 minutos con esa persona para plantearlas cara a cara. ¿Qué significa esto en la práctica? Significa salir de la burbuja digital y crear un espacio de conversación genuino. Por ejemplo, en lugar de preguntar "¿has terminado el informe?", puedes preguntar "¿qué parte del proyecto te está generando más fricción esta semana?" o "si pudieras cambiar una sola cosa de cómo colaboramos, ¿cuál sería?". Son preguntas que invitan a reflexionar, no a responder sí o no. Y hacerlo mientras camináis por el Parque del Retiro o por la Calle de Alcalá cambia el contexto: el movimiento físico relaja, elimina las barreras jerárquicas y fomenta que afloren preocupaciones que nunca aparecerían en un correo formal.
La ciencia (o historia) detrás
Esta práctica no es una ocurrencia moderna. Tiene raíces en la psicología cognitiva y en las metodologías ágiles que tanto se usan en empresas españolas. Según un estudio de la Universidad Complutense de Madrid sobre comunicación interpersonal en entornos laborales, las conversaciones mantenidas durante una caminata activan un 12% más de regiones cerebrales asociadas a la empatía y a la resolución creativa de problemas en comparación con las reuniones sentadas en una sala. El motivo es simple: el movimiento rítmico, como el que se produce al andar, libera endorfinas y reduce los niveles de cortisol, la hormona del estrés. Cuando tu cliente interno se siente menos presionado, su cerebro pasa del modo defensivo al modo colaborativo.
Además, las preguntas abiertas tienen una base sólida en el coaching y en la entrevista motivacional. El filósofo y psicólogo español José Antonio Marina, en su obra sobre el talento y la comunicación, ya defendía que las preguntas bien formuladas son "palancas que mueven pensamientos que ni siquiera sabíamos que teníamos". Y aquí está la clave: al darle a tu colega la oportunidad de explayarse sin interrupciones, descubres necesidades ocultas que no están en ningún informe. Por ejemplo, te puede confesar que está sobrecargada porque su equipo pierde tiempo con una herramienta obsoleta, o que necesita más apoyo en una tarea que tú dabas por resuelta. Ese tipo de información vale más que cualquier métrica.
Cómo aplicarlo en tu día a día
Primero, dedica 15 minutos, nada más, a preparar esas dos preguntas. Escribe en un cuaderno o en una nota del móvil dos cuestiones que empiecen por "qué", "cómo" o "por qué". Evita el "por qué" si suena a interrogatorio; mejor usa "¿qué te llevaría a..." o "¿cómo ves...?". Un ejemplo útil para la cultura laboral española, donde hay mucho clima de confianza pero también mucho respeto a la jerarquía, sería: "¿Qué necesitarías de mí para que tu semana fuera un 20% más ligera?" o "¿Cómo crees que podríamos mejorar nuestra coordinación sin añadir más reuniones?".
Segundo, invita a tu cliente interno a dar un paseo. No hace falta que sea una gran excursión: veinte minutos alrededor de la manzana, por un parque cercano o incluso por el pasillo de la oficina si el tiempo no acompaña (en agosto en Sevilla, por ejemplo, mejor buscar la sombra de la Giralda). Comunica la invitación con naturalidad: "oye, tengo un par de dudas que prefiero resolver dando un paseo, ¿te apetece?". La mayoría de la gente aceptará porque rompe la rutina.
Tercero, durante la caminata, escucha activamente. No interrumpas, no saques el móvil y no propongas soluciones inmediatas. Deja que tu colega hable y, cuando termine, haz una pregunta de seguimiento tipo "cuéntame más sobre eso" o "¿y eso cómo te afecta a diario?". Al final del paseo, anota mentalmente o en una nota rápida las tres necesidades que hayas detectado. Te sorprenderá ver que, por ejemplo, tu cliente interno necesita más autonomía en las decisiones de diseño, o que valoraría un canal de comunicación más directo contigo. Con esa información, al día siguiente puedes ajustar tus prioridades y ofrecerte a ayudarle en lo que realmente importa, alineando así vuestros objetivos de forma mucho más eficiente que con cualquier correo.
Conclusión
En TipDía creemos que la cercanía física y mental es el combustible más potente para la colaboración. Un paseo de veinte minutos no solo detecta necesidades, sino que construye una relación de confianza que hará que futuras negociaciones sean más fluidas y honestas. Así que la próxima vez que sientas que no avanzas con un colega, olvida el email y proponle dar una vuelta. Las respuestas más profundas no están en un informe: están esperando a que alguien pregunte con curiosidad, andando al ritmo de la vida. Al final, cada paso que das con esa persona es un paso hacia un equipo más alineado y hacia una versión de ti que escucha, comprende y actúa con inteligencia emocional. ¿Te apuntas a la próxima caminata?